miércoles, 25 de abril de 2012

CELADA




Yo Estaré Ahí, A Tu Lado, Sentado
Corrompiéndote El Mate, Las Galletitas, La Curda Frenética Del Día Después
Ahí , A Tu Lado, A La Mesa redonda, a Los Pies De La Cama
Debajo De La Mano Derecha Cuando Se Esconde Entre La Almohada Y El Colchón Frío,
Cerca Del Descuido, Del Estómago Ácido
Entre Los Bigotes De Aquel Viejo Meado Enrollado En La Vereda De Cualquier
Comercio que se arruina.
Entre Las Sabandijas, Contra Las Paredes Atestadas De Grafitis, Desnudo Y En Terapia,
Raído, Cansino, Relojeando La Persiana Del Vecino Que Se Ha Consumido En Cáncer.
Sobre El Mantel Donde Te Limpias La Boca.
Ahí Estaré, Sosteniéndote El Vaso, Los Lentes Con Su Patilla A Medio Caer, Viscosa De Cinta.
Entre Sístole Y Diástole.
Apretando El Eczema, Los Músculos,
La Lengua Volcada Hacia La Glotis, En El Alma Que Has Traicionado Con Tus Letras Arrancadas De Cachaça.
Ahí, Frente A Frente. Antes Del Día Más Esperado.
Avanzando Al Sosiego Del Oscuro Silencio,
Como Un Recuerdo Del Estreno, La Borrasca Que Te Ha Dado el Pequeño Fogonazo.
A La Vuelta De La Esquina Que atisbas Con Toda Confianza,
En La Certeza Inminente y Absoluta, Ahí Donde Quepa Cualquier Incómodo.
Estaré Cuando Hayas Despertado, Innegable,
Colado Al Techo
Del Mismo Cielo Abundante Donde No Hubo Nada.
Nada, Frío y Eufonía.
Un Sonido Manso Al Que Te Has Domesticado.

lunes, 16 de abril de 2012

El Jardín de Prosperina [The garden of Prosperine]




Aquí, donde el mundo está en calma,
Aquí, donde toda tribulación es un
Tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
En un dudoso sueño de sueños,
Veo crecer los campos verdes,
Entre sembradores y cosechadores,
Entre la cosecha y la siega,
Un mundo de arroyos perezosos.

Estoy cansado de risas y lágrimas,
Y de los hombres que lloran y ríen,
Del futuro del sembrador y su cosecha.
Estoy cansado de los días y las horas,
De trémulos capullos entre flores estériles,
De deseos y ensueños de gloria,
Y de todo, excepto el Sueño.

Aquí, la Vida es vecina de la Muerte,
Lejos del oído y la vista
Se afanan las olas pálidas y los húmedos vientos;
Giran los débiles barcos y los espíritus,
Vagan errando con la marea,
Sin saber hacia dónde se dirigen sus pasos.
Aquí, esos vientos no soplan,
Y aquí, no crecen esas cosas.

Aquí, no crecen hierbas ni malezas,
Flores de brezo o vides;
Sino estériles brotes de amapola,
Verdes racimos de Proserpina,
Blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
Excepto esta flor,
De la que Ella extrae para los hombres
Un néctar mortal.

Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
También conocerá la Muerte;
No despertará con alas en el Cielo,
Ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
Su belleza se nublará y decaerá;
Y por más que en el Amor descanse,
Su fin no será bueno jamás.

Pálida, detrás de atrios y pórticos,
Coronada de tranquilas hojas,
Allí está quien recoge los frutos mortales,
Con sus manos blancas e inmortales;
Sus labios son más dulces
que los del Amor, que le temen;
Más dulces para esos hombres que se confunden,
Y llegan cansados de muchas épocas y tierras.

Ella cuida de uno y de otro,
Cuida de todos los mortales,
Y olvida la Tierra, su madre;
Y la vida de los frutos y los vegetales,
Y la primavera y los granos,
Y las golondrinas que se alejan y la siguen,
Allí dónde los cantos helados suenan en falso
Y las flores son despreciadas.

Allí van los amores marchitos,
Los viejos amores con sus alas cansadas;
Y todos los años muertos,
y todos los desastres;
Sueños deshechos de días olvidados,
Ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
Hojas secas que el viento se ha llevado,
Rojos peregrinos de fuentes arruinadas.

No estamos seguros de la tristeza,
Y la alegría nunca fue segura;
El hoy morirá mañana,
Y el Tiempo no oye ningún llamado;
Y el Amor, débil e indolente,
Suspira con labios arrepentidos,
Llorando la brevedad de los amores
Con los ojos del Olvido.

Por excesivo amor a la vida,
Por la esperanza y el temor liberados,
Brevemente agradecemos a los dioses,
Sin importar quiénes sean,
Que la vida no sea eterna,
Que nunca los muertos se levanten,
Que hasta el río más perezoso
Llegue en sus giros al reposo del mar.

Porque entonces las estrellas no nos despertarán,
Ni el sol con sus resplandores de luz;
Ni el murmullo de las aguas inquietas,
Ningún sonido y ninguna visión,
Ni hojas estivales ni hojas invernales,
Ni días ni cosas diurnas;
Sólo un eterno sueño,
En una eterna noche.

miércoles, 29 de febrero de 2012

A LA MUJER QUE CANTA


¿Cómo decirte Carmen?
Mujer del ciclo de las aguas  – la que torna bocas secas en diluvios.

¿Cómo hacerlo?

Es que lo pienso como tinta viscosa que macula la memoria,
que el ámbar, la amapola y la calandria
resucitan en tus palabras de mujer ambigua,
mujer de espiga ardiente en tu mirada de onza,
famélica de cuerpos y de blanca sangre como algunos copihues
o roja, como el penacho rey del cardenal silvestre.
Mujer, que ciñes de voz amarga, el estruendo naciente desde tu norte,
hasta tu sur abierto y herido.

¿Cómo decirte Carmen?
La pequeña de rumiantes dedos, la de infinitas facas que se afilan con la letra del deseo
y gozan
y desmayan
y alborotan mi cabeza, llena de pájaros marrones y ajenos.

Cómo decirte que la sola sed que me causa la ironía de un adjetivo abierto,
Ingenioso, tosco, renegado,
es una sed de antorcha inagotable, de aborígenes cuerpos que se esconden
del colono funesto y  la mentira.

Ay, si yo supiera decírtelo, como lo canta tu larga lengua apalabrada
y así lo fija al seso en las mesas de los bares,
por los rincones de mi Santiago penitente.

Si así, yo pudiera, decirlo por lo bajo,
para que nadie,
en el remedo de un abrazo, me robase la insidiosa alegría que me engendras.

Así lo haría.

En el hartazgo fulminante de decir la palabra que oculta tu garganta,
hasta el óbito.

Pues bien es sabido, que no basta con quererlo.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DONDE DEBÍA ESTAR

Se lleva sobre la piel,
bajo el pálpito de los huesos.
Debajo del residuo de algún resto de semen.
Se lleva bajo las uñas,
entre dientes fusilados por palabras carcomidas,
socavados, sucedidos.
Se lleva en la garganta como un caimán de cola robusta,
detrás de los ojos, se lleva en la sangre mis huraños muertos.
Va de prisa, acuñando quién sabe qué… Cosa no mía.
Va, se lleva bajo el peso de la vida,
como una cadena de moscas,
como una merienda de arena con cebolla.
Se lleva en alguna parte,
apretado, el peso irritante en la miseria,
ordinaria, diáfana, estalactita.
Se lleva entre las maletas,
en esos bolsillos manoseados donde todo se nos pierde.
Se habrá perdido entonces.
Últimamente, no viaja conmigo.

HB

domingo, 25 de septiembre de 2011

EL AUTOR DE LA SEMANA - CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE


     
    Infância
Meu pai montava a cavalo, ia para o campo.
Minha mãe ficava sentada cosendo.
Meu irmão pequeno dormia.
Eu sozinho menino entre mangueiras
lia a história de Robinson Crusoé,
comprida história que não acaba mais.

No meio-dia branco de luz uma voz que aprendeu
a ninar nos longes da senzala – e nunca se esqueceu
chamava para o café.
Café preto que nem a preta velha
café gostoso
café bom.

Minha mãe ficava sentada cosendo
olhando para mim:
- Psiu... Não acorde o menino.
Para o berço onde pousou um mosquito.
E dava um suspiro... que fundo!

Lá longe meu pai campeava
no mato sem fim da fazenda.

E eu não sabia que minha história
era mais bonita que a de Robinson Crusoé.





miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL AUTOR DE LA SEMANA - AGOSTINHO NETO


Contratados
Longa fila de carregadores
domina a estrada
com os passos rápidos

Sobre o dorso
levam pesadas cargas

Vão
olhares longínquos
corações medrosos
braços fortes
sorrisos profundos como águas profundas

Largos meses os separam dos seus
e vão cheios de saudades
e de receio
mas cantam

Fatigados
esgotados de trabalhos
mas cantam

Cheios de injustiças
calados no imo das suas almas
e cantam

Com gritos de protesto
mergulhados nas lágrimas do coração
e cantam

Lá vão
perdem-se na distância
na distância se perdem os seus cantos tristes

Ah!
eles cantam...

 (Sagrada esperança)

viernes, 2 de septiembre de 2011

EL AUTOR DE LA SEMANA - FEDERICO GARCÍA LORCA

El poeta llega a la Habana

La luna pudo detenerse al fin

La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos.
Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida
proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto.

La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,
pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos.
Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente
ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas.
Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.
Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.
Un sastre especialista en púrpura
había encerrado a tres santas mujeres
y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana.
Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco,
que lloraba porque al alba
tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja.
¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!
¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas!
Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse.
Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron:
Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche.
La muchedumbre cerraba las puertas
y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón
mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores
y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros.

Esa maldita vaca
tiene las tetas llenas de perdigones,
dijeron los fariseos.
Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos
estrellaban ampollas de lagunas sobre las paredes del templo.
Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida.
Porque la luna lavó con agua
las quemaduras de los caballos
y no la niña viva que callaron en la arena.
Entonces salieron los fríos cantando sus canciones
y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio.
Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita
no nos dejará dormir, dijeron los fariseos,
y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle
dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios
mientras la sangre los seguía con un balido de cordero.

Fue entonces
y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.

18 de Octubre de 1929. New York.

sábado, 6 de agosto de 2011

Girando



a veces, te digo, no sé
me planto, dejo, abandono todo, lo tiro a la suerte
creo, pienso, me espanto
y dentro de un mes vuelvo, descubro que nada ha pasado
por qué, los ojos, se irritan, se duermen,
que el amor es, mentira, miente, mentiritas,
a veces, casi siempre, bueno, creo que nunca
yo dudo, yo, yo, exquisito el amarillo de tu rostro
las ideas que me avanzan, cansan, todo oscuro.
Discutimos, palabras vienen, palabras salen, suben, bajan
parecen palabras y son gritos, muertes, puñales.
Las nalgas balbucean, lloran, proclaman himnos,
la bandera, el pabellón, todo es un ritual de absurdas cosas que
vuelven a mi cabeza después del alcohol
que apenas ha marchado,
a la una y media de la tarde
de cualquier día.


EL AUTOR DE LA SEMANA - GUILLES DELEUZE


martes, 26 de julio de 2011

El AUTOR DE LA SEMANA - NÉSTOR PERLONGHER


                                            

 

VIDEOS DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ERROR EN LA MEMORIA"

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