domingo, 10 de agosto de 2008

Artigas, mirando al sur.

Ciudad sin prisa nocturna ceremonia,
de inviernos lentos y estufas presurosas,
desborda el río y se lleva los caminos
y es tinta azul su vasto dominio de rocas.
Puente sin fin contrabandista de idiomas,
testigo afín de pasadas clandestinas,
hace la cruz a su antiguo Cuareim
llevando el vaivén eterno a sus orillas.
De plazas llenas de jóvenes que sueñan
con ir al sur y volver aunque eso duela.
De carritos y vueltas y más vueltas,
calesita de los coches que regresan por la cuesta
coronando aquel mojón que al cielo habla de esta tierra.
Surge desde allí su espíritu de fiesta, su carnaval guerrero,
convirtiendo al cálido febrero en sueños y esperanzas de barrios,
donde no importa el galardón, si danza en sus calles el pueblo.
Al norte estoy por decir al norte,
al norte de qué al norte de quiénes.
No es este el lugar donde he nacido,
y sin embargo vivo…
Su gente, su suelo, su tiempo,
que hoy es mío.