miércoles, 29 de febrero de 2012

A LA MUJER QUE CANTA


¿Cómo decirte Carmen?
Mujer del ciclo de las aguas  – la que torna bocas secas en diluvios.

¿Cómo hacerlo?

Es que lo pienso como tinta viscosa que macula la memoria,
que el ámbar, la amapola y la calandria
resucitan en tus palabras de mujer ambigua,
mujer de espiga ardiente en tu mirada de onza,
famélica de cuerpos y de blanca sangre como algunos copihues
o roja, como el penacho rey del cardenal silvestre.
Mujer, que ciñes de voz amarga, el estruendo naciente desde tu norte,
hasta tu sur abierto y herido.

¿Cómo decirte Carmen?
La pequeña de rumiantes dedos, la de infinitas facas que se afilan con la letra del deseo
y gozan
y desmayan
y alborotan mi cabeza, llena de pájaros marrones y ajenos.

Cómo decirte que la sola sed que me causa la ironía de un adjetivo abierto,
Ingenioso, tosco, renegado,
es una sed de antorcha inagotable, de aborígenes cuerpos que se esconden
del colono funesto y  la mentira.

Ay, si yo supiera decírtelo, como lo canta tu larga lengua apalabrada
y así lo fija al seso en las mesas de los bares,
por los rincones de mi Santiago penitente.

Si así, yo pudiera, decirlo por lo bajo,
para que nadie,
en el remedo de un abrazo, me robase la insidiosa alegría que me engendras.

Así lo haría.

En el hartazgo fulminante de decir la palabra que oculta tu garganta,
hasta el óbito.

Pues bien es sabido, que no basta con quererlo.