domingo, 19 de octubre de 2008

TRES MICRORRELATOS

Despedida

Mi sombra despertó temprano aquella mañana. Observó mi rostro, mis escuálidas manos y sacó una sombra de rosa que colocó en mi pecho.
Se fue por la sombra, cantando bajito.




Impresión salvada

El paracaídas se abrió justo a tiempo ante la mirada estupefacta del público. Nadie vio el impacto del cuerpo, por suerte.




Reflejo

Cuando abrió los ojos, la imagen del espejo lo miró con retraso.

lunes, 29 de septiembre de 2008

OTROS ATARDECERES

Habrá otros atardeceres, serán cientos,
de colores como el sueño, de pálidos rojos
y hasta grises, lejanos, como los recuerdos.
Habrá noches claras y días sin tus ojos
y todo será una bruma sin sonido,
una espesa lluvia que depondrá mi piel
Y roerá mis huesos…
Habrá otras lunas en silencio,
esperando la luz Improvisada del día venidero,
su alba interminable de socorros congelados.
Habrá otras lunas, sí…
pero no serán las mismas,
ni el crepúsculo,
ni las noches, ni los días… habrá otros,
serán interminables, serán mi fatiga, mi declive impostergable.
Mil azotes serán…
porque no estarás en esos atardeceres,
ni en las lunas, y ya no habrá noche,
todo será… Una réplica insistente que te implorará el retorno.
Porque aquí;
nada es lo mismo en tu ausencia.

Entre tu ser y yo

Entre tu ser y mi existencia,
podrá haber o quizás hubo
un tiempo inefable, un vuelo de hojarascas
que encuentra un “ya no” irrenunciable.

Quizás no sea el tiempo, sino la distancia.
Tal vez un idioma indescifrable
o una simple esquina
que no hemos cruzado juntos.

Tal vez te he dicho no
y nunca habrás regresado.

Puede ser que me estés buscando,
que hayas existido,
que aún, tal vez, no me pienses.

Será tal vez, quizás… no sé.
LA ETERNA DUDA INDECLINABLE.
Un simple estar aquí,
coincidiendo.
Un ahora… Sólo instante…

sábado, 27 de septiembre de 2008

Cuplé y retirada





Ya no estás vieja plaza de ceibos sin confín,
el tiempo se ha cobrado mis noches de amores
y de copas quebradas zozobras de un festín.
En el barrio se apagaron los últimos tambores,
dulces ecos que reclama el porvenir
y si voy a buscarte en mis recuerdos,
otra vez con mi cara pintada,
me quedaré durmiendo madrugadas,
cantando murgas que arrullaron mi tristeza,
la tibieza de sentirse, otra vez un chiquilín.



Ven a buscar la risa en los que cantan,
en los que visten ropajes de arlequín,
en los que sueñan con eternas despedidas…
Donde la murga, la murga,
la murga… nunca deje de existir.



Se encenderán las luces del tablado,
renacerán los mudos escenarios,
vendrán fantasmas del último verano
y el loco bullicio de aquella sonrisa,
se hará barrio de blancos y mulatos
al son sin tiempo de un gastado tamboril.



Yo sé muy bien que nunca volverán
los viejos duendes de una plaza sin espacios
cuando una vez te supe bien besar
aquella noche de un mágico febrero,
donde al saber la murga nos cantó
aquel cuplé que hablaba de los dos.



Ven a buscar la risa en los que cantan,
en los que visten ropajes de arlequín,
en los que sueñan con eternas despedidas…
Donde la murga, la murga,
la murga… nunca deje de existir.



Cuánto quisiera que un día el escenario
y aquella plaza volvieran a surgir
entre los cínicos recodos de algún verso
donde el letrista los pueda revivir.



Y si esto fuera posible algún verano,
allí estaré con la cara colorida,
te esperaré con mi sonrisa pintada,
para otra vez…
volver a ser un chiquilín.



Ven a buscar la risa en los que cantan
En los que visten ropajes de arlequín
En los que sueñan con eternas despedidas
Donde la murga, la murga,
La murga… nunca deje de existir.

La derrota




Salgo al encuentro de los días y en sus noches me detengo
resistiendo mesas sin voces
y espejos aconsejando mis trajes


Quiero estar aquí y en un instante donde todos
y a veces no ser testigo aniquilado
o verso sencillo socavado perenne


Salgo al insipiente asilo que es mi continente
donde la palabra es un dulce licor envenenado
que me arroja voraces condenas y me asesina
en un temblor de tinta que pienso es mi desmayo


Y busco compañía en catalejos y en lupas y en cristales
y los otros pasan de largo asumiendo la derrota
pero yo me resisto y congelo la mirada en un eco
y enciendo velas y aparto sombras como si fueran infiernos
pero ellos pasan inmutables con sus vidrios y sus espejos
que no hablan de sus trajes y a veces los envidio
y me quito los ojos y prefiero saber que están por ahí
pudriéndose…

domingo, 17 de agosto de 2008

La fiesta imposible

Voy a abrir una ventana húmeda,
una inmensa abertura por donde pienso pasar sólo un instante,
porque quiero irme en lontananza,
esgrimiendo un recuerdo, quitándole los colores al presente.
Cruzo el túnel y siendo un niño gris me siento con las rodillas sucias
sobre el moho y la gramilla.
Una pared donde apoyo mi espalda, caracoles y mis nueve años.
Las ideas livianas me llenan de júbilo.
Mi cuerpo en pugna es un amuleto con leves contusiones.
No quiero regresar, es casi la hora de la siesta… es verano y sé que soy feliz.
En un crisol de otrora mis únicos tesoros reales se mantienen inmutables.
Alcanzo a ver desde mi infancia el valle y los arroyos donde solía pescar
y las ansias se vuelven urgencias y la mueca de mi risa regodeo
y el gris ya no es hastío y lo que parece sueño es una inerte aventura.
Asciendo sobre livianas piernas muy delgadas
y todo es gigante,
los firmes álamos, un viejo ceibo y hasta el sol de las tres es imposible.
Cuánta conciencia latía por entonces, donde el tiempo se medía en juegos e inocencia…
Sé que avanzo, percibo un rumor de voces familiares y me detengo.
Hay fiesta en la casa, están todos y el eco le trae colores al presente
y ese viejo sentir de posibles reencuentros
al borde de la infamia de las cosas muertas.
Pero no quiero desaparecer en ese instante y prosigo alejando las voces
y alcanzo una rama, un escuálido paraíso… Y obtengo su copa frágil,
el horizonte, las llanuras, y más allá el bosque y el mar.
Fue allí donde se abrió esa gran ventana, allí crucé la margen
hacia un tiempo de azules y verdes distintos, un abismo de rojos
que no quiero ver, que se llenó de tiempo, que se hizo hombre
y quiere el regreso.
Dónde fue, en qué momento cerré el túnel.
En la casa hay fiesta y están todos y aún esperan.

domingo, 10 de agosto de 2008

Artigas, mirando al sur.

Ciudad sin prisa nocturna ceremonia,
de inviernos lentos y estufas presurosas,
desborda el río y se lleva los caminos
y es tinta azul su vasto dominio de rocas.
Puente sin fin contrabandista de idiomas,
testigo afín de pasadas clandestinas,
hace la cruz a su antiguo Cuareim
llevando el vaivén eterno a sus orillas.
De plazas llenas de jóvenes que sueñan
con ir al sur y volver aunque eso duela.
De carritos y vueltas y más vueltas,
calesita de los coches que regresan por la cuesta
coronando aquel mojón que al cielo habla de esta tierra.
Surge desde allí su espíritu de fiesta, su carnaval guerrero,
convirtiendo al cálido febrero en sueños y esperanzas de barrios,
donde no importa el galardón, si danza en sus calles el pueblo.
Al norte estoy por decir al norte,
al norte de qué al norte de quiénes.
No es este el lugar donde he nacido,
y sin embargo vivo…
Su gente, su suelo, su tiempo,
que hoy es mío.

domingo, 27 de julio de 2008

TREINTA POEMAS DE MI JUVENTUD

Te quiero escribir un tango
que se parece a todos y no es ninguno,
que nació un domingo a contramano
y lleva tus ojos sorprendidos.

No tiene bandoneón ni contrapunto,
se canta solamente en el olvido.
No hay lunfardo en sus versos aburridos,
y no es de este tiempo, su tiempo está conmigo.

Aquí no está la vieja ni la primera novia,
el barrio sigue siendo el mismo.
No habrá bulín ni madreselvas…
Y al sur, el arrabal, está dormido.

Sin caminitos, los duendes de la infancia se acodaron,
a la triste lumbre de un farol envejecido,
a seducir magnolias de asfalto y vereda,
mujeres sin malevos,
anfitrionas audaces del deseo.

El tango de mis viejos, clarines del tiempo lejano
al estruendo del bar sin mesitas ni vitrolas,
le reclama al café del silencio
un cigarro en la oreja y el silbido eterno a sus milongas.

Ya no hay tangos como aquellos.
La edad del aire que en mis entrañas arrancó la melodía.
No volveré, ya no vuelvo. Sumergido en tantas voces extinguidas.



***



Dos corazones

Yo tengo dos corazones.
Uno de carne a mi diestra,
que late al compás de mi sangre nueva.
Y otro a mi izquierda, de madera,
que late al son de sus cuerdas.
Cuando juntos se entremezclan,
nace al filo de una nueva era,
el canto y las voces de todas las voces
que no suenan.

Y es el viento el testigo unánime
de este aliento,
que proclama la revuelta…
la lucha del obrero, la miseria de los hombres,
la pena, tristeza, canto amargo que no cesa.

Yo tengo dos corazones
que no divorcian sus despensas,
de Canciones Chuecas, Zitarrosas, Puglieses,
Silvios y tangueses.

Yo tengo dos corazones y en mis dedos…
nacen notas que otros resistieron.
Las notas del exilio, las notas de mi pueblo,
las notas de los muertos que nunca aparecieron.

Y el día que no cante, y el día que mis dedos
se acobarden por el miedo…
quíteme Dios esta guitarra.
Y pártame Dios, el pecho.





***


Te llevas mis preciados desajustes,
mis versos que nadie admira,
la cuna de este niño que arremete los brazos de una duda,
y un reloj sin cuerda
que se encarga de mis horas destruidas.
Si a tu escasa fantasía le sorprende mi delirio,
y tienes a tu espacio saturado de otras lunas,
menos llenas que las mías,
no hagas nido en mi locura,
y derrocha la mentira que se ajusta a tu medida.
Regresa al templo que te eriges confundida,
y deja en la cumbre de una noche,
mi esperanza,
apenas encendida.



***



Es por eso...


No eres simple,
ni te amo eternamente.
Nunca juré nada toda la vida,
ni te cedí mi tiempo entero.
Jamás dije cosas tales,
ni repito constantemente
palabras de amor.
Me bastan simples cosas
para quererte:
tus labios,
tus palabras de medianoche,
el calor de tus brazos,
mis mediodías.
Para qué entonces
creer que será eterno,
si es por eso que me gusta.




***




Ustedes


La gente habla de mí,
de nosotros,
de ustedes.
Hablan de cosas que no importan,
del dinero,
del mercado y los precios.
Ellos hablan,
y yo los sigo a veces,
y les hablo de mi vida,
de mi pequeñas alegrías,
de este mundo que me lleva.
Les hablo del tiempo,
de los amores,
y ellos insisten,
y hacen que escuchan,
y hacen gestos,
y muecas preocupadas.
Aún así, sé que no les importa,
y me voy,
y todos se irán,
y nada habrá importado.
Pero ellos,
siguen hablando...



***




Sentido del tiempo


Hay extraños perfumes
que me recuerdan un pasado.
No sé si son imágenes
o pequeñas ráfagas de pensamiento,
quizás a jazmín
o a tierra mojada.
La noche
y el aroma a fresco pasto
y rocío.
Hay perfumes...
aroma a gente que ya no está.
Olor a condimento en la cocina
a pucheros y estofados,
a dulces y tortas.
Hay olor a ropa que se plancha,
olor a piel y a besos.
Hay otros que se confunden,
aquellos de camas prestadas,
de jabones y colonias.
Y olor también a sufrimiento.
Poco a poco,
una lágrima resbala imprudente,
es ese olor que nos duele...
perfumes de otros tiempos.



***




Inadvertidamente


Tan siquiera una palabra
un gesto apretado
una risa
quebrada
y al pasar
te pido tan siquiera
el roce
de tu cuerpo
tu rabia trémula
tan siquiera
tu odio
tu rebeldía
mírame
dime horribles cosas
hazme importante
aunque sea a gritos
aquí estaré
sabiendo que te burlas
que me sabes
que nada de mí te pertenece
no pases sin llevarme en tu mirada
sin saber cómo he amanecido
aunque sea a gritos
llévame en tu mirada.



***




Después

Quién heredará la tierra
cuando yo falte.
Pisará mis huellas desde la tarde.
Dónde pondrá mis cosas en el estante
o juzgará bohemia mi pena andante.

Quién mirará al río
Como lo hago.
Contará las hojas del sauce alado y
y torne rendido al amor quedado.
Quién sino yo, verterá la idea,
la suerte del mundo que he pensado.
Cerrará ventanas al sol de mayo
y cantará preludios al desolado.

No estará.
Mirará al mundo con otras manos.
Nunca sabré si el verde prado
será verde a mí pintado.
No amará como yo he amado,
ni bailará como he bailado.
¿Dejará de cantar
por andar vagando?
¿Morirá también
como lo he pensado?

Quién me dirá que tal vez mañana
ya no habrá nada.
¿Nacerá llorando como he nacido?
Quién tendrá la risa, que yo he tenido.




***




Inalterable me estoy,
como esperando lo que sé,
no tiene espera.
Un tiempo irreductible,
Inalterable,
piadoso, no inventado por la sutileza humana.
Y el afán de mentir
lo que es naturalmente manifiesto.
Partiendo de esta seguridad
que en nada me excusa,
hago amigos que en el simple instante ya no son.
Hago recuerdos para mis futuras soledades
y sigo…
Sintiendo el viento siempre frío en un costado.
Lo todo es tan vano
como la voluntad de conservarlo,
y sin embargo lo necesito.
No menos necesario es tener seguro un presente
para vanagloriarse de ideales
y añoranzas,
cuando estemos cansados del tiempo,
y de la realeza de los sueños mentidos.




***




Anoche me abrazó la tristeza.
Tenía olor rancio,
a humedad,
a colgada en un perchero,
a moho
y a mierda.
Me abrazó tan fuerte que creo haberla amado
y entonces la cubrí con mi brazo entumecido.
Rodamos por las sábanas,
me hizo el amor cabizbaja
como sólo ella sabe hacerlo,
y me impregnó su hedor a tiempo,
a víctimas,
a qué sé yo cuántos amantes.
¡Gracias tristeza!
Hasta el próximo fin de semana.




***




Esta soledad que nos habita
a veces se acoda demasiado placentera,
muda sus ropas, sus improvisadas telarañas
y se instala en un rincón humedecido.
Nos mira intransigente,
abarrota nuestros muebles de nostalgias
y hasta se ríe, impía, soberana,
lubricando su tiempo con nuestras lágrimas.
La vemos, desvencijada, intrigante y en desuso…
¡Pero qué grata compañía es a veces!… Porque allí está,
cuando nada nos queda.




***



Muerte súbita

Asisto a tus funerales,
y me río de tu muerte complaciente y triste.
Llego a casa y mis treinta años me aniquilan
a preguntas injuriosas.
Se han olvidado de mí…
Y yo tengo un poco de culpa,
que es mía…
y un tanto ajena.
Nadie me dijo que a veces la ausencia
quita el hambre de la risa
y que es también bastarda del silencio.
Repito en la noche más profunda
cien veces tu nombre en vano,
pero tú ya no eres tú,
ni soy yo, a quien te has llevado tan lejos.




***



Quiero tu voz, tu sangre,
tu enjambre de risas destornillando mi angustia.
Subo al cielo en los brazos de tu optimismo,
y allí,
ante dios,
juramos que este amor
es un maldito vicio.




***




Te perdono mis insomnios,
y la mueca sorprendida
que atrapó la comisura de mis labios.

Te perdono la falta absoluta de recato,
porque fue amor del bueno…
Y hasta la falta de maltrato
te perdono.

Puedes volver y hacer de cuenta
que no ha pasado nada,
pues perdono tu sonrisa
que ha curado mis antojos.

Nadie sabe del mañana,
y festejo y no te miento,
que le hayas dado al alma
su segundo encuentro.

Pero hay algo,
y eso sí no te perdono…
Que hayas clausurado tu memoria
cual si tú, fueses dueño de mis horas.

Que no te permitas ni intentes encontrar,
en mi mirada
la respuesta a tus días y mañanas:
que seguirán estando solas,
sin huecos en tu almohada,
mojando la melancolía…

Esa,
que no te abraza.



***




Impulso a mares

Soy un hombre,
y la palabra hombre me suena a astillero,
a mármol frío a rosa sin perfume.
Soy un hombre que está perdido,
que se precipita a mares y encuentra sólo ríos,
y hasta lagunas muertas, congeladas.
Dependo de esta ventana que me llama al día,
que me muestra la tarde oscura y otra vez la noche,
ajada de silencio y ausencias.




***





No existe la mujer bella.
No existe la riqueza,
ni el resplandor de luz después de la muerte…
Pero existen tus ojos y tu sonrisa...
Allí, indiscutiblemente el hombre juega a lo imposible.




***




Intangible posesión

Eso, que nunca pensamos lejano,
que indudablemente era nuestro,
aquello, que nadie cuestionaba suyo por ser ajeno,
que inconscientemente se pensaba como inserto en nosotros,
como arremetido, enraizado, sujetado y asumido,
eso, que parecía llevar nuestro nombre porque si no, no tenía sentido,
aquello, que era propio y tan mío y cercano
que tan simple y arraigado, adherido, atrapado,
y que a veces se perdía y volvía y continuaba
apresado en mi destino,
que llevó mi rostro, que se cruzó en mi camino.
Eso, que no sé por qué estaba y sin embargo…
Eso… ya no está conmigo.




***



Nostalgias

Hoy todo es amarillo
Habrás notado que se ha ido el ruido,
esa risa tuya,
esa danza joven de tu cuerpo,
mi música preferida.

Qué difícil decírtelo.

Cuántas noches nos bebimos,
cuántos silencios no hicimos,
la primera vez que vi tus ojos
nunca fueron los mismos.

Y aunque a veces me conformo
con decírtelo al oído,
mañana estaré esperando
que siempre vuelvas conmigo .



***



Desafiaste mi boca con tus besos aburridos,
sucia boca de alfileres siempre listos.

En tus garras que me arañan la alegría,
me emborracha tu champaña de razones
y tu aliento a sermones sin valor.

Fría alcoba que ha impregnado la cerveza,
mi casa nada escapa a tu veneno,
las cortinas se quemaron con el sol.

Mis zapatos se aburrieron del verano
y se han puesto a discutir en un rincón.
Nada escapa a esta loca coincidencia,
la aventura de vivir juntos los dos.

En mi casa todo ha vuelto a ser como antes,
besos fríos, sin camisa y sin amor.




***




Cuando faltas,
falta mi argumento eficaz,
faltan mis palabras estudiadas
y faltan las más certeras.

Mi silueta se contrae,
mi brazo acostumbrado a rodearte
se pelea con tu espacio
que le persigue
a un costado siempre
investigando aquel hueco donde estabas.





***




Cómo haber sido siempre el mismo.
Ignoro las palabras de aquellos tiempos,
ya, seguramente, las he olvidado.


En un verso se escuchan mis pasos
por los pasillos de la casa vieja.
En un acervo de palabras nunca pensadas
aparecen tantos recuerdos sencillos como el mismo arrebato.

Eran tantas las calles con lluvias,
con tantos inviernos corriendo mis mejillas.

En el calor del abrazo de mi madre
y en un tropiezo de tiempo,
huyó por los tejados
mi memoria.


La voz del tiempo la reclama, la llama,
y ella, me está esperando aún,
con su inocencia.




***




Me inclino,
frente a la gran tumba del pasado.
Arrodillado frente a ella imploro,
retorno.

Pretendo retener recuerdos en vano,
empero vuelven a morir cuando los rezo,
y aparece el mismo entristecer,
ubicado en el brillo de aquellos ojos lejanos.

Y no son más que nuevas tumbas que nacen,
lápidas ruinosas e ideales,
y otra, y otra a su lado.




***



Bosteza la silla que siento,
aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, bosteza.
Bosteza mi cabeza, bosteza,
aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh,
y tu boca,
cómo bosteza.
Bostezan mis ojos y se dan vuelta,
y todo a mi lado también se bosteza.
Se siente el ronquido de la mesa.
Y a la luna le entró la pereza.
Y toooodo bosteeeeeeeeeeezzzzzaaaaaahhhhhh,
Todo.
El cielo duerme y se duermen los peces,
la cama se mece y todo se duerme.
Y en la mitad de la noche…
La Muerte.




***




Te pienso los jueves,
como un ritual venerable.
Acostumbrado a esas horas dedicadas a mi tiempo,
juego a reconstruir conversaciones,
y asisto a nuestras peleas,
discutiendo en vano, sosteniendo argumentos,
intentando cambiar el momento exacto
donde siempre mi orgullo te vencía.
Las voces me confunden, las puertas se cierran y el eco de los golpes
traspasan los días jueves,
y llegan a mí tus silencios,
tus palabras que fueron la impotencia,
y que hoy para mí no cuentan.
Abandono el escenario, el telón del ayer,
mi ensayo mediocre,
y dejo que los días continúen,
su carrera interminable.




***




Tributos y enhorabuena

En tu puerta escribí mi nombre
y acicalé mi memoria con el resto del día.
Di tributos y enhorabuena
a los más tremendos pensamientos.
Sensual y plácido
subí a la cima
en la contemplación inmediata
de tu pasos.
Te sigo y me renuevo
constantemente,
como el aire;
y tú no me conoces.
Aislado en la medianoche
estupefacta,
el calor y la fragancia del recuerdo
me hablan de ti.
Y nunca dicen nada.





***




El miedo

En un cuarto frío,
una noche,
descalzo y fatigado,
con poca ropa,
en ese rincón de la vida,
allí,
me di cuenta de aquello terrible.
Absorto,
callado,
miré la luna que ascendía en la ventana,
miré el techo,
vi unos rostros dibujados
y supe,
en ese mismo instante,
cuánta soledad nos hospeda.





***




Ayer viajé otra vez.
Es difícil esto del regreso.
A veces uno piensa que hay retorno
y todo se vuelve diferente.
Qué dejar, si al volver no se vuelve
de la misma manera.
Qué llevar, si aquello que va con nosotros
ya no es tan útil.
No existen guías ni agendas seguras
si no conoces el camino.
Ayer viajé otra vez
con mi equipaje vacío,
y en el camino alcé mañanas nuevas
y noches sumergidas
que no duraron mucho tiempo.

Cuando se inicia el viaje
no existe ningún retorno,
y aparece un tumulto de nosotros
en cada partida.



***



Me acerco al espejo.
Reviso mis nuevas arrugas
y las presento a mi memoria.
Descuelgo de la pared mis viejas fotos y les hablo
de los días que no conocieron.
La ropa que está en los anaqueles dibuja cuerpos escondidos
y mis nuevos zapatos se preparan para la huida.
Mi voz discute la presencia de los niños
y prefiere el silencio.
Regreso al espejo y su imagen
tomó unas vacaciones.
Dónde están las cosas sencillas,
las que antes me eran tan familiares.
Me acerco al espejo, allí,
donde antes estaba...
y aquel que fui,
tampoco asistió a la cita.


***





Se invade de voces tu mente,
resuena añejo el pasado.
Dónde quedó tu beso aniquilado…
Aquellos ojos de rosa y mármol,
tu eterna aurora en penumbra,
Mi fuga a mares.
Mi noche… anclada en tu velero.




***




Enciendo la estufa y no estás.
Los leños se resisten a la hoguera.
Una estela de chispas se esfumina en el aire
y caen al suelo cenizas de pensamiento.
Hace frío y está oscura la habitación.
El fuego ha desistido,
así como el tiempo nuestro
se enfría y me alerta rumores.
Me siento a contemplar el humo
y entre sus dibujos estamos juntos,
pero el humo se aparta, y todo se aleja
y el invierno está allí y yo estoy solo,
y exhalo aliento a mis manos.


***