sábado, 27 de septiembre de 2008

Cuplé y retirada





Ya no estás vieja plaza de ceibos sin confín,
el tiempo se ha cobrado mis noches de amores
y de copas quebradas zozobras de un festín.
En el barrio se apagaron los últimos tambores,
dulces ecos que reclama el porvenir
y si voy a buscarte en mis recuerdos,
otra vez con mi cara pintada,
me quedaré durmiendo madrugadas,
cantando murgas que arrullaron mi tristeza,
la tibieza de sentirse, otra vez un chiquilín.



Ven a buscar la risa en los que cantan,
en los que visten ropajes de arlequín,
en los que sueñan con eternas despedidas…
Donde la murga, la murga,
la murga… nunca deje de existir.



Se encenderán las luces del tablado,
renacerán los mudos escenarios,
vendrán fantasmas del último verano
y el loco bullicio de aquella sonrisa,
se hará barrio de blancos y mulatos
al son sin tiempo de un gastado tamboril.



Yo sé muy bien que nunca volverán
los viejos duendes de una plaza sin espacios
cuando una vez te supe bien besar
aquella noche de un mágico febrero,
donde al saber la murga nos cantó
aquel cuplé que hablaba de los dos.



Ven a buscar la risa en los que cantan,
en los que visten ropajes de arlequín,
en los que sueñan con eternas despedidas…
Donde la murga, la murga,
la murga… nunca deje de existir.



Cuánto quisiera que un día el escenario
y aquella plaza volvieran a surgir
entre los cínicos recodos de algún verso
donde el letrista los pueda revivir.



Y si esto fuera posible algún verano,
allí estaré con la cara colorida,
te esperaré con mi sonrisa pintada,
para otra vez…
volver a ser un chiquilín.



Ven a buscar la risa en los que cantan
En los que visten ropajes de arlequín
En los que sueñan con eternas despedidas
Donde la murga, la murga,
La murga… nunca deje de existir.

La derrota




Salgo al encuentro de los días y en sus noches me detengo
resistiendo mesas sin voces
y espejos aconsejando mis trajes


Quiero estar aquí y en un instante donde todos
y a veces no ser testigo aniquilado
o verso sencillo socavado perenne


Salgo al insipiente asilo que es mi continente
donde la palabra es un dulce licor envenenado
que me arroja voraces condenas y me asesina
en un temblor de tinta que pienso es mi desmayo


Y busco compañía en catalejos y en lupas y en cristales
y los otros pasan de largo asumiendo la derrota
pero yo me resisto y congelo la mirada en un eco
y enciendo velas y aparto sombras como si fueran infiernos
pero ellos pasan inmutables con sus vidrios y sus espejos
que no hablan de sus trajes y a veces los envidio
y me quito los ojos y prefiero saber que están por ahí
pudriéndose…