jueves, 16 de junio de 2016

 DIARIO EL PAÍS - URUGUAY

 

 Limpió su instrumento ajeno a la tragedia

Morir de contramano,
de vigilia.
Morir de atentado y silencio.
Morir de misa, de domingo y feriado,
de prozac, de insomnio y cursilería.
Morir de una nota, limpiando un instrumento.
Morir de muerte en un parto público,
de pie o en la silla, decúbito.
Al paredón de frente y marchen.
Morir aplastado, apestando, apostando y de retrete.
De frac, de calzoncillos.
Morir in fraganti, insurrecto, inmutable.
Morir a fin de mes, los lunes de una carcajada.
Morir asistiéndome, morir enterrándome, aplaudiéndome.
Morir de siesta a las tres de la tarde,
de verdad y de propósito, amarrado al viento.
Morir y no morir.
Morir a pesar de todo, en vano, pusilánime,
de común acuerdo.
Morir de un recuerdo, de sombrero, por las dudas.
Morir de una palabra, de una idea, morir subversivo,
al borde, al filo, incidiendo.
Morir de promesa, de altruismo, sin pena.
Morir y sacudirse y morir de nuevo.
Morir a la espera de otros muertos,
con todos, en defensa propia, de rebeldía.
Morir de epitafio vacante, sin tumba, de rodillas.
De azar, con la frente en alto, de cara y sin rodeos.

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