domingo, 7 de marzo de 2010

Contacto

La cumbre donde tu labio se escuda
y hacia donde el labio acecha.
La vorágine del arremetedor descuelga,
los senos crujiendo en carne blanda.
Un cuerpo bajo las sábanas, escucha,
como un gigante de oído al espasmo.
Los ojos retuercen y las manos vociferan.
Se sacuden pellejos y vientres.
Tan rígido el talante de sus lenguas.
Piden más,
la llaga insatisfecha.

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